Cuándo empiezas a vivir, tienes multitud de experiencias. Situaciones. Sentimientos. Todo es nuevo. El tiempo va pasando y vas asimilando un cúmulo de experiencia. Aparece la rutina. Entonces, llega el instante en el cual surjen una multitud de sentimientos inesperados provenientes del corazón. Es repentino. Rápido, como el tic-tac de un instante. Tu cabeza no puede procesar tanta información y se bloquea. Se rompe la rutina.
Te sientes aturdido. Desorientado.
Terminas preguntándote por qué es todo tan complejo.
Tan difícil.
La vida es como un juego y yo, no soy capaz de terminar la pantalla de Sentimientos Convergentes. Me quedo atascado en el rompecabezas llamado Acciones Censuradas. Últimamente, he llegado a la conclusión de que tal vez todo, todo el juego, sea una metáfora. No obstante, qué alguien me niegue que la vida es si no una metáfora. Una metáfora con sus inclinaciones, con tendencias. Una Metáfora Adyacente.
Te sientes aturdido. Desorientado.
Terminas preguntándote por qué es todo tan complejo.
Tan difícil.
La vida es como un juego y yo, no soy capaz de terminar la pantalla de Sentimientos Convergentes. Me quedo atascado en el rompecabezas llamado Acciones Censuradas. Últimamente, he llegado a la conclusión de que tal vez todo, todo el juego, sea una metáfora. No obstante, qué alguien me niegue que la vida es si no una metáfora. Una metáfora con sus inclinaciones, con tendencias. Una Metáfora Adyacente.
Luis Alberto

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