
El tipo se despertó antes de lo habitual aunque no tenía motivos para hacerlo. Tan sólo ocurrió. Abrió los ojos, miró el reloj y se dijo, hostia, qué pronto es, y sin embargo no tengo nada de sueño, hay que joderse. Como no le gustaba estar en la cama sin disfrutar de la inconsciencia, decidió levantarse. Aquello quizá significase algo, o quizá no. Eso nunca estaba claro del todo.
El tipo subió la persiana y una ráfaga de luz le cegó por unos instantes. Puto sol, murmuró. Se sentía tranquilo, algo extraño en él. Una especie de paz interior le hizo canturrear en plan psicópata mientras se daba la primera ducha del día. Fue al salir del cuarto de baño cuando se dio cuenta de que algo no encajaba. La relajación dio paso a una sensación de carencia, sospechoso. No tardó en darse cuenta del problema. El silencio. Había un silencio absoluto. Ni vecinos, ni sonidos, ni tráfico en la calle. Silencio total. Decidió asomarse a la ventana, ojos ya despiertos, y sintió una punzada de inquietud al comprobar que, en efecto, no había nadie. Nadie a primera hora de un viernes laborable. Nada. No parecía haber seres vivos. Ningún ruido. Vacío total. Hostia, se dijo, esto es raro de la hostia. Con el corazón acelerado y un punto de ansiedad en la boca del estómago corrió a conectar el ordenador. El router sincronizaba correctamente, pero no cargaba ninguna página, falta de información por todos lados. La sensación de pánico se incrementó cuando decidió hacer algo que no hacía nunca: encender la televisión. El resultado fue el mismo. Nada.
Estamos jodidos, se dijo al buscar alguna emisora en la radio, pero tampoco había emisoras que sintonizar. El té se estaba enfriando entre tanta cosa extraña. Intentó ser racional pero aquello no tenía ninguna lógica. Volvió a asomarse a la ventana. Nadie. El cielo estaba completamente despejado. Decidió salir a la calle en busca de algún otro superviviente de lo que fuera. Por desgracia la puerta parecía estar atrancada. No podía abrir la puerta. Estaba atrapado. Quizá había más personas en su misma situación. Enjaulados en sus casas sin medios de comunicación, sólo ell teléfono daba línea, pero ninguno de los números almacenados en la memoria contestaba. Nadie. Ni familiares, ni amigos, ni enemigos siquiera. Entonces algo se iluminó en su cerebro y comprendió. No fue fácil asumirlo, pero tampoco especialmente duro. El tipo dedujo que había muerto y que la muerte estaba tan absolutamente vacía de contenido como esta vida que nos habíamos montado. Era sencillo y eficaz.
1 comentari:
el titulo q es: Historias para no dormir, por judith a.m. xD
joer..cuanto taco en el texto eh! mi profesora de lengua me iba a poner un 10 una vez pero por poner hijos puta me puso un 9 xD
super cabrona! xD
Muy bien un texto q se puede leer sin tener un 250 de coeficiente intelectual xD
te pastelito
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